Aimunan
¿Porqué la tranquilidad dura tan poco? Esperaba que al menos la felicidad me durara un poco más pero la vida me seguía negando tal dicha.
El rostro de Jía era un cúmulo de rabia, odio e incredulidad hacia mí.
—¿Vas a ser Papá Alex?—se reía sarcásticamente.—Tía te están tomando el pelo ¿Verdad primo?, no deberían jugar con lo sentimientos de mi Tía—sus manos tocaron los dedos de Alex.
—¿Qué haces aquí?—la voz neutral de Alex la hizo sobresaltar.
—Yo estaba por aquí cerca y los vi, por eso me acerqué —intentó justificarse y apoyarse en la Mamá de Alex.—Tía ¿No les molesta que me siente con ustedes verdad?—La señora estaba confundida y no sabía que hacer.
—Quizás en otro momento podamos hablar con más calma—me levanté de mi silla, viendo que por nada del mundo esa se iba ir del lugar.
—No, Aimunan,hija—la señora tomó mis manos delicadamente—Podemos ir a la casa por favor.
—Hagamos eso—decidió Alex que en cualquier momento iba congelar el lugar.
—Jía no te lo