Aimunan
—Nunca te dejaré —susurró Alex, aunque su mirada decía que ya estaba a miles de kilómetros, planeando la caída de su padre.
Me aferré a esa única promesa. Él se enderezó, me dio un beso breve y seco en la frente, y se dirigió a la puerta.
—Voy a buscar al doctor Choi para que te den algo para el dolor. Vuelvo enseguida.
Esperé hasta que la puerta se cerró. Dejé que un par de lágrimas cayeran, silenciosas, antes de esforzarme en borrar todo rastro de debilidad. Tengo que ser