Aimunan
Yo también estaba incrédula por lo que acababa de oír. No me lo esperaba y, para ser honesta, me preocupaba lo que los demás pudieran pensar de mí. Unirme al equipo solo porque el jefe lo había ordenado no pintaba nada bien; en una empresa así, los rumores corren más rápido que el agua, y nadie puede controlar la malicia ajena.
Minutos después, Alexander me abordó en la oficina.
—Señorita García, deberá estar lista para mañana —dijo con su habitual tono monocorde—. Me acompañará como