Alexander
Habíamos comenzado el viaje hacia las profundidades de la selva venezolana, un territorio que se resistía a ser conquistado. Llevar a cabo este proyecto había sido un ejercicio de paciencia extrema por dos razones puntuales. La primera, las organizaciones ambientales con su burocracia infinita; y la segunda, la autorización de acceso. Aunque el Estado no había puesto trabas, nos topamos con la realidad de los pueblos nativos autónomos. Aquí la ley no solo se escribía en gacetas, sino