Mundo ficciónIniciar sesiónArion no perdió un solo instante. El tiempo era un enemigo brutal, y la imagen de Arya, pálida y moribunda, se grabó a fuego en su mente, impulsándolo. El corazón le latía a un ritmo frenético, una furia gélida de determinación ardiendo en su pecho. Extendió las manos, el aire crepitó a su alrededor, y conjuró el hechizo de teletransportación. La noche, vasta y oscura, se tragó el brillo azulado que envolvió su figura mientras desaparecía del palacio, rumbo al norte, donde el gusano de seda d







