El grito gutural fue la señal. De entre las sombras del bosque y la tenue luz que se filtraba, surgieron siluetas encapuchadas, moviéndose con una rapidez casi inhumana, rodeando al grupo como lobos a su presa. El corazón de Arya le martilleaba contra las costillas mientras el metal frío de su espada se deslizaba con un silbido familiar. A su alrededor, los demás soldados desenfundaban sus armas, el sonido metálico llenando el aire, formando un círculo defensivo que se sentía, a la vez, fuerte