Una punzada de algo frío y afilado recorrió a Arya. Era una sensación que conocía bien: la intuición gritando una advertencia. Se acercó al puesto, fingiendo interés en unas uvas.
—¿Y hace cuánto llegaron al pueblo? —La pregunta brotó de sus labios, la voz apenas un susurro, pero cargada de una curiosidad que no podía ocultar.
—Hace aproximadamente un mes —respondió la señora, la emoción desbordándose en cada palabra—. Justo cuando las cosas empezaban a ponerse feas con las Estringes. ¡Fue un