La luz del día se filtraba a través de las copas de los árboles, pero una sombra, la de lo desconocido y lo inminente, se cernía pesadamente sobre ellos.
Al llegar a las afueras de Sevilla, un escalofrío recorrió al grupo. El pueblo estaba extrañamente, antinaturalmente silencioso. Las calles estaban desiertas, vacías de la vida y el bullicio habitual. Algunas casas mostraban señales de abandono apresurado: una puerta entreabierta, un cesto volcado, como si sus habitantes hubieran huido en me