98. Mi paz
Cássio
Estaba abrazado a ella cuando el llantito bajo llegó por el monitor de bebés, un sonido pequeño, casi avergonzado, pero que atravesó el silencio de la madrugada como una alarma suave. Branca dormía profundamente contra mi pecho, el cuerpo por fin relajado después de días enteros en tensión constante. El calor de ella todavía se pegaba a mi piel, y por un segundo solo quise quedarme allí, fingiendo que el mundo afuera no existía.
Pero el llantito volvió.
Suspiré despacio, con cuidado de n