97. Locura
Branca
El cuarto todavía resonaba con la respiración pesada de Cássio, y yo me sentía victoriosa, acurrucada contra su pecho. Él me sostenía como si yo fuera el centro del universo, los dedos trazando círculos suaves en mi espalda. Pero veía en sus ojos que la historia no terminaba allí. Había un brillo hambriento, mezclado con una preocupación que conocía bien: el miedo a hacerme daño. Apenas habían pasado siete días desde la cirugía, desde que aquel cuchillo estúpido me había rasgado el intes