120. Locura
Laís
Desperté sin abrir los ojos.
El primer sonido que invadió fue el mundo allá afuera: puertas golpeando en el pasillo, rueditas de maleta arañando la moqueta, bocinas lejanas mezcladas con el ronroneo constante de la ciudad que nunca duerme. Vegas despertando sin pedir permiso, como si supiera que yo necesitaba ruido para recordar que aún estaba viva. Todo mi cuerpo dolía, un dolor bueno, pesado, de esos que cuentan historias. Cabeza latiendo despacio. Boca pastosa. Y una sensación extraña,