11. Un camino sin retorno
Branca Oliveira
Esparcí mis cosas por el apartamento sin mucho orden. Ropa sobre el sofá, zapatos en el suelo, documentos separados encima de la mesa. Dos maletas ya estaban cerradas junto a la pared, esperando por mí como un recordatorio silencioso de que aquel no era un cambio común.
Tomé el celular y marqué el número de Lais.
«Amiga, ¿puedes hacerme un favor?», pregunté en cuanto ella contestó.
«Claro que sí. De hecho… estoy en tu calle ahora. Ya paso por ahí.»
«No, no hace falta», respondí