12. Un camino sin retorno
Cássio Ravelli
La vi antes incluso de que alguien me avisara de que había llegado.
Desde la ventana del piso superior, observé cómo el coche se detenía frente a la entrada principal. Branca bajó sola y tomó las maletas del chofer en cuanto él las colocó en el suelo. No eran grandes. No tenían aspecto de mudanza definitiva. Eran demasiado pequeñas para alguien que acababa de poner su vida patas arriba.
Por un instante, pensé que aquello era un error. Que dejaría las maletas allí, daría media vue