38. Un beso
Branca
No supe qué responder.
El silencio se extendió por el cuarto como un secreto demasiado pesado. Miré a Aelyn dormida, tan tranquila, y aquello fue el empujón que necesitaba para salir de allí antes de decir algo que no sabría deshacer.
Me levanté despacio y caminé fuera del cuarto.
Oí sus pasos justo detrás de mí. Firmes. Decididos.
Me detuve en el pasillo oscuro y me giré.
Nos miramos durante un instante demasiado largo para ser seguro. Ese tipo de silencio que vibra, que aprieta el pech