40. Error delicioso
Branca
«Buena chica», murmuró él contra mi oreja, la voz cargada de satisfacción y deseo. «Ahora quédate quietecita… o te hago gritar otra vez.»
Sonreí de medio lado, aunque el corazón me latía en la garganta.
«Inténtalo, señor juez. A ver si puedes.»
Él no respondió con palabras. Solo con acción.
La mano en mi nuca apretó suavemente el cabello, manteniendo mi cabeza inclinada, exponiendo el cuello para que lo mordiera despacio mientras la otra mano terminaba de abrir el pantalón. Oí el sonido