35. No tan amigos
Cássio Ravelli
André estaba diferente.
Más cerrado. Menos provocador. Como si el peso de todo hubiera decidido sentarse en sus hombros de una vez. Y, de alguna forma, yo sabía que parte de esa tensión iba dirigida a mí.
No me importó.
Si él necesitaba un culpable para seguir en pie, yo podía ser ese objetivo. Ya había tenido peores roles.
Me senté frente a él, apoyando los codos en la mesa.
«¿Por qué no me dijiste que eras uno de los Krieger?»
Él se inclinó en la silla, cruzando los brazos, con