39. Mi tentación
Branca
Sus manos subieron por mis muslos, apretando con la fuerza justa para marcarme, pero los pulgares trazaban círculos lentos en la piel sensible, como si estuviera memorizando cada centímetro. Se detuvo en el borde de las bragas, los dedos rozando el encaje húmedo, y yo arqueé la cadera sin querer, suplicando en silencio.
Cássio me miró a los ojos, aquellos ojos oscuros, llenos de fuego y algo más profundo, casi devoto.
«No tienes idea de cuánto esperé por esto», murmuró contra mi boca, an