Capítulo 57. No puedo amarlo
Leonardo la miró con ese calor poderoso que la hacía sentir viva y menos quebrada, con ese calor con el que él la llenaba dejándola satisfecha y relajada. Se acercó a su oído para susurrar con su voz profunda, y logrando erizar la piel de Emma:
-Sí. Lo de anoche no cambia cómo la deseo y necesito estar dentro de su tibieza, señora Fritz. Lo demás… ya lo iremos viendo, con el tiempo…
De pronto, la cabina del avión era como estar en el interior de un volcán a punto de hacer erupción, y la urgenci