Extra. Un legado...
-¿Por qué me despide, señor? No es justo…
El hombre contenía lo mejor posible la ira que crecía en su interior. No lo habían educado para estallar, pero su tolerancia a la incompetencia era de verdad ínfima.
Así que respiró, casi resoplando, y respondió con aplomo:
-¿No es justo, señorita Díaz? Creo que usted no comprende lo que sucede… En esta empresa no toleraré los rumores, intento depurar el personal y las malas costumbres, y es precisamente por eso que busco gente joven y emprendedora. Así