Capítulo 56. Nunca la abandonaré
La mañana siguiente en Londres era una mañana tan gris y neblinosa como el ánimo de Leonardo Ares y Emma Fritz al despertar, cada uno en su habitación y con el corazón sintiéndose pesado.
Ella no había tenido ningún deseo de hablar con Clarisa, a pesar de que ésta última la acribilló a preguntas y se preocupó por el taciturno estado de su amiga. Lo único que le dijo Emma, al recibir de sus manos su café negro de cada mañana, fue:
-Ya está hecho, Clari.
La asistente entendió el mensaje críptico.