Capítulo 34. ¡Encerrado!

Una vez en Londres, fueron al hotel que tenían todos reservado, tres habitaciones, antes de su reunión en las oficinas centrales de Black Ind.

El fogoso encuentro en el pequeño baño de avión, había logrado diluir sus nervios previos a la firma del acuerdo, y Emma se sentía capaz de comerse el mundo y lograr incluso una expansión mayor a la que había soñado cuando por fin tomó el mando de las empresas de su marido y del inútil de su padre.

Hacía años que ella no se sentía tan feliz y satisfecha
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