Capítulo 33. Quitar el frío paralizante
Leonardo clavó unos ojos oscurecidos por el deseo en Emma. Parecía una fantasía incómoda, pero realmente la idea de "desestresarse" junto a ella en un baño de avión, no lucía como una mala idea en ese momento. De verdad el vuelo y la importancia del viaje lo tenían bastante nervioso.
Así que le sonrió seductoramente y le respondió con un grave susurro:
-Me encantaría, señora Fritz.
Emma se puso de pie enseguida, llena de una nueva necesidad, lo tomó de la mano y lo arrastró con una urgencia i