Capítulo 22. Apenas si la conoces.
Leonardo había seguido a Emma hasta el baño, sin dejar de devorarla con los ojos mientras ella llenaba la bañera.
No podía evitar sentir curiosidad por todo, pero no sólo en cuanto a lo que podía aprender de su maestra de artes amatorias.
También le gustaría saber sobre su pasado y sobre sus demás amantes. ¿Cómo era que una joven como ella terminaba de ese singular modo, con esa afición? ¿Cómo eran esos otros hombres?
Una pequeña nube de celos se cruzó por su mente, pero la desechó enseguida. N