Capítulo 21. Primera lección...
Leonardo estaba muy nervioso, aunque intentaba ocultarlo. Ahora que Emma, liberada de su contención habitual, dejaba traspasar su excitación a través de cada poro de su piel, dando vía libre a sus deseos, la imagen de fragilidad que tenía de ella, se disipaba.
Le parecía lejano y fantasioso el absurdo pensamiento de que Emma Fritz se pudiera romper en sus brazos. Antes caería él, agotado.
Se moría por sentarla en la erección que tensaba su ingle, y atravesarla con su fuego, llenarla de su lava