Era la quinta vez que llamaba a Annie a su celular pero mi hija no me respondía. Ya eran las cuatro de la mañana y estaba yendo a buscarla en mi Ford Torino; tendría que haber vuelto a casa a medianoche pero nuevamente faltó a su palabra de llegar a horario. Y lo peor de todo era que bastaba que me ponga carita de perro mojado para que yo le levantara el castigo y le permitiera las salidas.
La fiesta a la que había ido quedaba en las afueras de la ciudad, cerca de la pradera dónde mi hermano y