Estábamos en el aeropuerto de la ciudad esperando el arribo de Rose, sus hijas y Louis. Estaba preocupada por mi amiga, seguramente vendría destrozada y sin ánimos de nada, pero allí estaba yo para acompañarla en ese momento de gran dolor, pues había vivido en carne propia lo que era perder a un marido de un momento al otro y la depresión que me había atrapado por varios meses.
—Se anuncia la llegada del vuelo 4829, proveniente de la ciudad de Londres, Inglaterra, en la puerta cinco —dijo la vo