El comedor era tan opulento como el resto de la mansión, con una mesa que parecía extenderse por kilómetros, llena de cristalería centelleante y platos de porcelana.
Sin embargo, la atmósfera distaba mucho de ser la tensa reunión mafiosa que me había imaginado.
Pensé que habría reclamos y malas caras, incluso amenazas, pero no...
Konstantin Volkov, el hombre y cara de este imperio, estaba desplomado en su silla al extremo de la mesa, con el dramático desaliento de un actor de teatro al qu