La mansión se alzó ante nosotros y, al cruzar el umbral, un escalofrío recorrió mi cuerpo entero.
Realmente estaba volviendo.
Kilian y yo estábamos juntos de nuevo.
El lugar seguía igual de silencioso que siempre, pero por alguna extraña razón ya no estaba tan frío como antes.
Respiré hondo, tratando de actuar con una normalidad que estaba a kilómetros de sentir. Estaba nerviosa. Demasiado.
Kilian, como si pudiera leerme la mente, dio órdenes a las mucamas para que sirvieran la cena.