El silencio que quedó después de que el médico se girara para irse fue abrumador.
Seguía sin poderme creer lo que nos había dicho ese hombre.
¡No puedo estar embarazada!
¡No estoy lista!
Miré a Kilian con desesperación, buscando en su rostro la misma negación que ardía dentro de mí.
—Es un error —me dije a mí misma, con voz baja y llena de incredulidad—. Tiene que serlo... Yo… me tomo mis pastillas siempre. Nunca me salto una... Y tú, Kilian… las veces que no las tenía, usaste condón. Nunca hub