Al día siguiente Samantha se levanta antes de salir el sol, se siente frustrada que no tenga un baño en la habitación. Abre la puerta, despacio y mira a los lados, el baño está al final del pasillo, sale dando saltitos y mira un momento a su hijo y sigue su camino, lleva pegado a su pecho su estuche de maquillaje y al entrar, apoya su espalda en la puerta.
—¡Mucho lujo y un solo baño, por amor a Dios, Felipe! — increpa mientras observa la belleza del lugar donde está, es casi del mismo tamaño d