Trato de articular más palabras, pero no me sale, Max es quien se acerca y la desata de sus muñecas, está atada al respaldo de la cama nada más llevando encima su pequeño hilo de pedrería que adorna sus caderas.
La ira creció por todo su cuerpo y se ensombreció su rostro y suelta ella misma los nudos que quedan en sus muñecas, trata de cubrirse con una almohada.
—¿¡Qué mierda hacen aquí!? ¿¡Por qué lo golpearon!? ¡Fuera de aquí! Maximiliano, llévate a este orangután zoológico, por favor— grita