Luciana caminó hacia la mesa con pasos medidos, consciente de cada mirada que Stefan le dirigía mientras se acercaba. Sus ojos azules la recorrieron de arriba abajo con intensidad, evaluándola, buscando señales de lo que había hecho esa mañana.
Stefan se puso de pie cuando ella llegó, retirándole la silla con gesto cortés pero ojos fríos.
—Luciana. Te ves... descansada.
El doble sentido era evidente.
—Stefan. Dijiste que necesitábamos coordinar agendas.
—Directo al grano. Me gusta. —Stefan tomó