El parque era un refugio en medio del caos de Manhattan. Luciana caminó por el sendero bordeado de árboles hasta el banco donde Ethan la esperaba, sus manos en los bolsillos de su chaqueta, mirando el lago artificial con expresión pensativa.
Cuando la vio, su rostro se transformó. Se puso de pie inmediatamente.
—¿Cómo estás?
Luciana se dejó caer en sus brazos, hundiéndose en su cuello.
—Cansada, furiosa y atrapada.
Ethan la apretó más contra él.
—Lo siento, Lu. Ojalá pudiera hacer algo más.
—Est