El sonido de la electricidad volviendo a la vida fue un zumbido agudo que rompió el trance.
Las luces del techo del ascensor parpadearon una vez, dos veces, y luego estallaron en un resplandor blanco y clínico que los cegó momentáneamente. El motor rugió, y la cabina dio una sacudida violenta antes de comenzar a ascender de nuevo hacia el piso 40.
En cualquier otra circunstancia, ese momento de realidad habría sido la señal para separarse. Para alisarse la ropa, carraspear y fingir que la locur