El departamento de Ethan nunca había lucido tan acogedor.
Luciana prácticamente se lanzó a él cuando abrió la puerta, sus brazos rodeándola inmediatamente antes de que pudiera decir una palabra. El olor familiar de su perfume, que siempre la hacía sentirse segura, la envolvió.
—Hey, hey. —Ethan la apartó lo suficiente para mirarla a la cara, sus manos enmarcando su rostro con ternura—. ¿Qué pasó? ¿Estás bien?
Luciana no confiaba en su voz todavía. Solo negó con la cabeza, enterrando su rostro en