Alexander Vanderbilt administraba bienes raíces.
Esa era la manera más precisa de describirlo y, al mismo tiempo, la manera más discreta de hacer desaparecer a alguien. Hacía veintidós años que manejaba el brazo inmobiliario de Vanderbilt Corp: doscientos mil metros cuadrados en propiedades comerciales entre Manhattan, Miami y Dubái, un portafolio que generaba el diecisiete por ciento de los ingresos anuales del grupo con una eficiencia tan constante que nadie la mencionaba. Las cosas que funcio