El miércoles olía como todos los miércoles: café recién hecho, papel frío, tinta tenue de expedientes que Jerome dejaba en el escritorio antes de que Luciana llegara. Siempre en la misma posición, como si el mundo pudiera ordenarse por prioridades.
Mary había subido el desayuno antes de la alarma: tostadas, café negro, media toronja. La bandeja de plata heredada era demasiado pesada para lo que contenía, pero Mary no negociaba con símbolos: los usaba a favor de Luciana. Si la casa insistía en re