La última semana empezó con Rothschild v. Meridian.
Kate lo había marcado en noviembre con una sola palabra: útil. Lo guardó en su carpeta y no volvió a mirarlo hasta que el argumento comenzó a tomar forma, cuatro meses después. No porque la lógica fuera difícil; no, era implacable.
Rothschild, 2019: un intento de activar una cláusula fiduciaria obsoleta como instrumento de control accionarial que quedaba automáticamente expuesto ante la SEC como una maniobra hostil. No era ilegal. Era peor: er