El traje negro de Luciana no tenía nada de glamoroso. Tampoco era teatral. Era simplemente negro. Corte recto. Sin adornos. El tipo de prenda que se usa cuando el dolor es demasiado real para necesitar representación.
Se abrochó el último botón frente al espejo de su habitación, observando su propio reflejo con la misma distancia con la que habría revisado un documento legal. Contención aprendida. Eso había dicho Richard en una conversación breve. Sin espacio para réplica. Sin consuelo.
—Porque