Lunes. 6:30 AM.
El despertador sonó como una alarma de emergencia, cortando el sueño inducido químicamente con violencia.
Luciana se despertó con la cabeza pesada, la boca pastosa, y una sensación de desorientación que tardó varios segundos en disiparse, pero el dolor emocional del domingo se sentía amortiguado, como si estuviera detrás de un vidrio grueso que lo hacía tolerable.
Era el día.
Se levantó de la cama con movimientos automáticos, activando su modo de supervivencia, el mismo que habí