El mensaje llegó a las diez y cuatro de la mañana.
No era un texto. Era una foto.
Un edificio de ladrillo oscuro en una calle ancha que Luciana no reconoció de inmediato: seis plantas, ventanas grandes con marcos metálicos que parecían nuevos, un árbol joven plantado en el borde de la acera. Sin filtro, sin ángulo estudiado. La imagen de alguien que fotografía algo para no olvidarlo, no para mostrar.
Nada más. Sin texto. Sin contexto. Solo el número de Julian Hayes y la foto.
Luciana la