El teléfono de Stefan vibró sobre la mesa de centro de mármol negro, un zumbido agónico que rompió el silencio sepulcral del penthouse. Thomas y Liam se habían marchado hacía veinte minutos, dejándolo solo en la inmensidad de su derrota, acompañado únicamente por un vaso de whisky intacto y pensamientos que giraban en una espiral cada vez más oscura.
Stefan miró la pantalla con ojos inyectados en sangre. Marcus Fox.
Su jefe de seguridad. Probablemente llamaba para confirmar que el edificio estab