El anillo lo eligieron juntos.
Luciana había sido clara desde el principio: quería elegirlo. No por desconfianza. Por precisión. Ethan no discutió. A esa altura ya entendía que, en ciertas cosas, discutir con Luciana no era un signo de carácter, sino de comprensión insuficiente.
El joyero estaba en la Quinta Avenida, pero no en la parte ruidosa donde el lujo se exhibe como si necesitara testigos. Era pequeño, familiar, casi discreto. Exactamente el tipo de lugar al que Luciana iba cuando quería