Esa noche, el cielo de Manhattan era una losa de cemento húmedo a punto de colapsar sobre la ciudad, presionando el aire hasta volverlo denso, asfixiante y cargado de una electricidad estática que erizaba la piel.
Luciana Sterling estaba sentada en la parte trasera de su auto, con el motor apagado y las ventanas subidas, estacionada discretamente frente a The Blind Tiger, un bar de techos bajos y luz tenue donde sabía que el círculo de amigos de Ethan solía refugiarse cuando el mundo pesaba dema