Siete días.
Habían pasado exactamente ciento sesenta y ocho horas desde que el nombre de los Sterling volvió a brillar en lo alto de la pirámide de Manhattan, libre de la mancha de Damian Cross. Siete días desde que recuperó su legado, su empresa y su seguridad financiera mediante una ejecución corporativa que ya era leyenda en los círculos financieros de la Quinta Avenida.
Stefan Vanderbilt se había convertido en un fantasma digital.
Luciana no se sentía eufórica ni victoriosa; el dolor inicia