El Salón de Baile del Hotel Pierre, en la Quinta Avenida, brillaba con la luz de tres mil cristales de Swarovski. Era la Gala Anual de la Cámara de Comercio Marítimo, el evento donde se cerraban tratos, se exhibían trofeos.
Luciana se miró en el espejo del tocador del baño de damas. Sus manos temblaban, pero su reflejo devolvía la imagen de una diosa de hielo.
Llevaba un vestido de seda color esmeralda, con un escote en la espalda que llegaba peligrosamente bajo, diseñado para cortar la respira