La convocatoria llegó al penthouse un martes por la tarde.
No era una carta. Era una citación impresa en papel con membrete de Vanderbilt Corp, el logo en relieve y la firma de la asistente ejecutiva en lugar de la de Richard. En el código familiar significaba una sola cosa: decisión tomada, no consulta.
Stefan la leyó de pie en la cocina, con el abrigo puesto y la isla de mármol bajo una luz demasiado perfecta. La había recogido del recibidor sin apuro; el correo allí casi nunca traía urgencias