Ares, con su mirada intensa, observaba a los trillizos dormir apaciblemente en sus cunas. Sus rostros pequeños.
Él se sintió abrumado por la mezcla de emociones que le provocaba aquellos pequeños. Era un mafioso, pero era también un padre amoroso.
—Selene —dijo Ares, rompiendo el silencio mientras se giraba hacia ella—. Si lo deseas, puedes dormir en el sillón esta noche.
Selene, al oír su voz grave, levantó la vista y se encontró con su mirada.
Sabía que Ares estaba intentando volver con ell