Selene secó sus manos y se dirigió a abrir la puerta, no esperaba visitas y preparaba la papilla de los niños.
Cuando el timbre empezó a sonar con insistencia pensó que su amiga Fiorella había olvidado la llave.
— ¡Voy!, ¡que no soy sorda!, despega la mano de ese botón! —dijo, saltando del sobresalto.
Abrió de inmediato con cierto enfado, lista para regañar a su amiga.
No alcanzó a decir nada cuando un par de hombres extraños entraron a su departamento.
El miedo se apoderó de ella y enseguida