Selene saludó al caballero que había entrado en el restaurante;todo el tiempo pasaban por allí turistas,no le extrañó para nada la presencia del forastero.
Le sirvió un plato humeante,su famosa sopa de fideos.
Ese día había sido agotador,su cuerpo cansado deseaba un descanso a gritos,lo único que la consolaba era saber que las ventas habían sido grandiosas.
Los trillizos eran el motor de su vida,la única razón para no desfallecer ante un corazón roto.
— Buen provecho,señor. El postre va por cort